Ediciones Mínimas continúa haciendo libros para ser preciados objetos de consumo, no masivos, pero sí de consumo.

¿Y de qué sirve hacer algo si no es masivamente? ¿De qué sirve hacer pocos si en estos tiempos la forma natural de producir objetos es por miles? ¿Por qué hacemos veinte, o cincuenta, o tal vez sólo uno?

La idea es realizar, concretar, llevar a cabo. Tener el poder de hacer, de eso se trata. Los proyectos masivos exigen capital y compromisos. Si no se tiene el dinero y no se está dispuesto a asumir compromisos que muchas veces desvirtúan el proyecto original, las ideas quedan en eso: proyectos sin final, sin realizar.

Para poder arrancar esos proyectos de los bocetos, esquemas, maquetas e ideas sueltas, para convertirlos en productos apreciables y consumibles, se necesita mucha energía. Desde la perspectiva de Mínimas, esta es energía de trabajo. Ese es nuestro capital.

Controlando pequeños y singulares procesos de producción, que no están necesariamente sujetos a procesos industriales, las perspectivas de creación de objetos se tornan paradójicamente muy extensas. Y ya con el objeto hecho se abren dos posibilidades comerciales: algunos de nuestros productos son suceptibles de ser comprados por otra productora para ser reproducidos masivamente. Otros son solo para el consumo mínimo.

En Mínimas se mezclan diversos sistemas de producción para la creación de estos objetos. Se intenta buscar un método para cada producto. Ahí está la clave.

 



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